Un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Granada  prueba que ciertos alimentos –el café, el chocolate, la cerveza, los zumos de frutas– pueden sabernos mejor o peor, más amargos, salados, dulces o ácidos, dependiendo del estado de ánimo.

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Por ejemplo, si nos sentimos estresados o estamos preocupados por nuestro peso es posible que la sensación sea decepcionante.

En la investigación, publicada en la revista Food Quality and Preference, participaron 59 adultos sin ningún problema de salud, a los que dividieron en dos grupos: aquellos que consumían productos amargos habitualmente y aquellos que no.

Todos saborearon varias tandas de productos amargos bajo diferentes estados motivacionales que los investigadores les habían inducido a través de imágenes.

Durante la prueba, además, se emplearon índices afectivos derivados del análisis de expresiones faciales e indicadores del deseo de consumir a partir de respuestas de aproximación/evitación.

Pues bien, frente a la estabilidad que se le presupone a las preferencias alimentarias adquiridas, las respuestas afectivas y el valor de recompensa de alimentos parecen sufrir variaciones en función del ánimo.

El estudio revela que el estrés, por ejemplo, reduce la aversión al sabor amargo del café, mientras que el chocolate produce un mayor rechazo cuando aumenta la preocupación por el peso corporal.

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