A veces me parece extraño que un producto tan preciado históricamente (la misma palabra “salario”, significa pagar con sal) esté tan denostado.

Como ocurre muchas veces nos encontramos con un problema de terminología: utilizamos la palabra “sal” para referirnos a dos productos completamente diferentes: sal refinada (la más común), y sal marina sin refinar.

La sal que se consume de forma habitual es refinada (no integral), es decir contiene solo sodio y cloro; por si fuera poco se calienta a altas temperaturas, lo que puede, a su vez, alterar su estructura química.

El consumo de este tipo de sal hoy en día es excesivo, teniendo en cuenta además que está oculta en comida altamente procesada y manipulada (fast food, patatas fritas…). Es absolutamente recomendable no tomar dichos alimentos y no utilizar esta sal, ya que su uso está directamente relacionado con problemas de salud, sobre todo con el aumento del riesgo cardiovascular (hipertensión, infartos, etc.)

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Los ojos suelen presentarse en muchas tonalidades, desde el marrón oscuro casi negro al marrón claro, y desde el verde, al avellana  o del gris al azul.

Pero, a pesar de las muchas variaciones que percibimos, en realidad solo hay dos pigmentos diferentes en nuestros ojos: el marrón y el rojo.

El área coloreada en la parte frontal del ojo se llama iris. Tiene alrededor de 12 milímetros de diámetro y una abertura en el medio, que se llama pupila. El iris está hecho de tejido conectivo y un músculo delgado que le permite abrirse y cerrarse en respuesta a la luz.

Nuestro color de ojos se compone de diferentes cantidades de pigmento y del tejido conectivo que forma parte del iris.

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Ser inmune es estar protegido. Y el sistema inmunitario o inmunológico tiene ese cometido: es la defensa natural que tiene el cuerpo para luchar contra las infecciones.

Por eso, si lo tenemos debilitado, disminuye la capacidad de nuestro organismo para hacerles frente y nos volvemos más vulnerables a ciertas enfermedades. Te damos algunas claves para fortalecer tu sistema inmunológico de manera natural.

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El estrés es una emoción natural como puede ser la alegría, la tristeza o el miedo; la respuesta que emite el organismo ante estímulos que percibe como amenazantes.

Cuando esto sucede, el individuo debe ponerse en alerta para poder afrontar la situación y reducir las consecuencias negativas. La reacción emocional se observa, según los especialistas, en el plano cognitivo-subjetivo (experiencia), fisiológico (cambios corporales) y motor (conductual-observable).

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El colágeno forma parte de la estructura de la dermis y permite que esta se mantenga “unida” ; tiene como objetivo proporcionar elasticidad, firmeza y juventud.

El colágeno es uno de los elementos más importantes del cuerpo humano. Cuando te alimentas de la forma correcta, la producción de colágeno es constante y en las cantidades requeridas.

Cuando tu dieta es deficiente o te limitas a los mismo alimentos, el colágeno no se produce correctamente. En líneas generales, esto ocasionará que tengas un aspecto mucho menos jovial. Por ejemplo, tu cabello lucirá más opaco y las líneas de expresión serán más evidentes.

En estos casos, la recomendación habitual es optar por un suplemento que estimule la producción de colágeno.

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Si desde hace tiempo intentas recuperar el peso que tenías antes de las vacaciones, antes de ser madre o bien, aquel peso que tenías antes de comenzar un nuevo trabajo, debes saber que el proceso necesita de tu esfuerzo y dedicación y por ello, hoy te mostramos siete nuevos hábitos alimenticios que te pueden ayudar a recuperar el peso soñado.

Cocina más

Pasar de la comida lista para consumir o comprada siempre es tarea difícil, pues requiere de tiempo y trabajo extra, sin embargo, cocinar más es uno de los hábitos más efectivos para lograr una dieta sana y con menos calorías.

Cocinar implica ser más conscientes de lo que comemos, alejarnos de los ultraprocesados que tienen un peor perfil nutricional y pueden esconder azúcares y grasas trans que a largo plazo perjudican la salud y pueden conducirnos al aumento de peso.

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¿La simple idea de pensar en un propósito de Año Nuevo te hace temblar o te da una sensación de esperanza de cambio en el año que comenzamos ?

Enero puede ser un tiempo de reflexión. Lo ideal es que pensemos en el año pasado; recordar los últimos doce meses puede servirnos para aprender de las experiencias y renovar tanto nuestras prioridades como objetivos.

¿Evitas los propósitos de Año Nuevo porque no se cumplieron tus metas el año anterior?

No desfallezcas. Ya sabemos que es más fácil renunciar o no plantearse ninguna meta en la vida pero lo bueno, lo que merece la pena, siempre requiere de esfuerzo, porque la recompensa es increíblemente mejor que el no hacer nada.

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