El sueño es un proceso fisiológico de vital importancia para la salud integral de las personas, especialmente para el correcto funcionamiento del sistema nervioso.

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De hecho, la buena calidad del sueño puede ser tan importante para estar sanos como la buena alimentación, ya que es esencial para la reparación de los tejidos, el crecimiento, la consolidación de la memoria y el aprendizaje.

Existen múltiples factores de nuestro día a día que se ven condicionados por la calidad del sueño, como la salud física, pero si la dificultad para conciliarlo se produce de forma crónica puede desembocar en problemas más serios como déficits cognitivos, ansiedad o depresión, problemas de hipertensión y diabetes.

Numerosos estudios han demostrado que la síntesis de algunas sustancias y hormonas relacionadas con el ciclo del sueño dependen, en parte, de nutrientes específicos de los alimentos.

Las cenas excesivamente calóricas y el consumo de estimulantes durante las últimas horas del día, por ejemplo, aumentan la síntesis de neurotransmisores y hormonas estimulantes del sistema nervioso central, dificultando la conciliación de sueño.

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Por su parte, los elementos como el triptófano, el magnesio y el zinc favorecen la liberación de serotonina, asociada con el control del sueño, el estado anímico y el apetito, y se relacionan con la sensación de relajación.

Además de la alimentación, también es importante tener en cuenta ciertos hábitos de vida que pueden contribuir igualmente a una mejor calidad en el descanso.

Realizar ejercicio físico ayuda en la liberación de endorfinas, por lo que facilita el sueño. Sin embargo, el mejor momento para practicar ejercicio es a última hora de la tarde, al menos tres horas antes de irse a dormir. Así conseguiremos los efectos positivos de la actividad pero no estaremos demasiado activos a la hora de acostarnos.

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