La pregunta que da título a este artículo tiene una respuesta fácil: productos frescos. Basar la alimentación en productos poco o nada manipulados es una de las opciones más responsables; es decir, en aquellos que es posible comprar sin etiquetas y sin listas de ingredientes.

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Algo que tienen en común los alimentos saludables es que gran parte de ellos se conservan refrigerados. Muchas frutas y verduras (no todas), la carne y el pescado, los huevos y los lácteos (sin azúcar) conformarían el grueso del contenido de una típica nevera saludable.

Esa nevera saludable es muy probable que también cuente con una zona para táperes con comida cocinada que se guarda para ir organizando la semana, ingredientes preparados para añadir a otras recetas y, también, sobras que se van reaprovechando conforme pasen los días.

Por supuesto, también se hallan productos que, una vez empezados, hay que conservarlos en frío: botellas de leche abiertas, bebidas saludables, botes de legumbres, conservas de verduras…

En resumen, una nevera saludable debería tener tres secciones principales:

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